Cristina Cuesta relata su historia delante de una gran fotografía en blanco y negro. En ella, proyectada en la pantalla del salón de actos, aparece una Cristina niña que besa a su padre, Enrique Cuesta, en los primeros años sesenta. Dos décadas después, aquel hombre, de 53 años y delegado de Telefónica en Guipúzcoa, fue tiroteado por tres pistoleros de los Comandos Autónomos Anticapitalistas de ETA en plena calle, cuando se dirigía a comer a su casa, en el barrio donostiarra de Amara. Nunca llegó. Cristina Cuesta sumaba entonces 20 años y estudiaba Periodismo en Bilbao cuando su vida se transformó por completo. El asesinato de su padre durante los años de plomo la obligó a dejar los estudios, comenzar a trabajar y se erigió en una de las principales voces de las víctimas del terrorismo en España. Madre de un hijo, hoy reside en Madrid, es la directora gerente de la Fundación Miguel Ángel Blanco e imparte formación a escolares, como a los alumnos de 2º de Bachillerato del colegio San Ignacio (Jesuitas) de Pamplona. «Homenajear a las víctimas da sentido al drama que vivimos».
diariodenavarra.es (29/03/2025)
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